Son las tres de la mañana. El teléfono de casa suena con su melodía suave. Una melodía que de no ser por la hora intespestuosa es relajante. Salto de la cama sobresaltado, en medio de la oscuridad y con tres zancadas recorro la distancia más que conocida que hay desde la habitación hasta la sala del escritorio. Ni siquiera me fijo en la pantalla de luz ambarina del inalámbrico para saber quién llama. Tan sólo me precipito a preguntar quién es. Mi suegro me responde con voz calmada y me dice que un primo de mi mujer ha tenido un accidente con su moto. Ha sido atropellado por una ambulancia que se saltó un semáforo en rojo porque iba de servicio. Que se disponen a ir hacia el Instituto Anatómico Forense, porque allí descansan los restos hasta que mañana se dispongan a practicar la autopsia. A lo que le respondo que nosotros vamos enseguida también hacia allí.
Mi esposa, detrás mía, impaciente por que le cuente algo de tan escueto diálogo telefónico. No me doy cuenta de que ella ha seguido mis pasos y no la hago allí. Sorprendido de encontrarla, me repongo y le digo que es su padre. La abrazo y le digo que su primo ha tenido un accidente con la moto. Se queda congelada, sin inmutarse, durante un tiempo que se me antoja larguísimo. Le sigo diciendo que su padre y su madrastra van de camino al Anatómico Forense. Su cara se ha desencajado tras esta última noticia, se lleva las manos a la boca mientras int
enta artícular un llanto que no sale. Un llanto que permanece suspendido en el ambiente. Nos ponemos algo encima y salimos con el coche hacia el dolor.
Aparcamos cerca del antiguo hospital de Las Cinco LLagas, hoy en día El Parlamento de Andalucía, que se me antoja aún más tétrico que otras noches. Como si sus ventanas nos
observaran. Llegamos a la plazoleta que está detrás del Hospital Universitario Virgen Macarena. Al lado el edificio del Instituto Anatómico Forense, tan imponente, tan sobrio, tan abrumador en trances de este calibre. En una parte de la plazoleta el padre de la víctima, un hombre alto, fornido y muy señorial encogido tras el palo del destino en un banco, conteniendo el brutal dolor de la pérdida. Rodeado de sus familiares y amigos más allegados. La madre, una mujer con gran carisma, emprendedora, fuerte como una roca totalmente desconsolada en otro banco, acurrucada y protegida por las mujeres de los amigos y de los familiares. Su cara me llena de terror. Su semblante sin color, sus ojos morados de tanto llorar, su mirada ida, ...
su cara tan parecida al horripilante sueño del otro día.Sí, es cierto que no recordaba la cara de la mujer de la pesadilla del post anterior, pero al ver a esa madre desconsolada por la injusta, horrible, terrible e ilógica pérdida de su hijo me volvió a la mente la cara, el semblante,
la mirada,...sus ojos. El dolor que emanaba de ella era inconmensurable, desconocido e inefable. Un dolor que me llenó de terror.
Los hermanos del difunto, verdaderos pilares familiares, no paraban de atender a sus padres desconsalados mientras su propio dolor se lo permitía. Una familia fuerte como una piña que había recibido un golpe de dimensiones cósmicas por parte de un destino cruel y aleatorio.
Al poco empezaban a llegar más y más familiares, más y más amigos, a la par que el dolor iba creciendo.
Tras el alba, tras la autopsia, tras la interminable espera de
una madre por ver a su amado hijo, para no separarse de su amado niño que salío de sus entrañas, para que su amado niño no se sienta solo, siempre con su madre al lado, llevaron los restos mortales al tanatorio de San Jerónimo, donde su madre inseparable lo velaba para que nadie perturbara su eterno descanso.
El tanatorio ebullía de gente que entraba y salía, que tras el trabajo o antes de él pasaba a dar el pésame a tan honorable familia.
Al día siguiente, el Astro Rey también quiso dar el último adiós a una persona tan querida, amable, amigo de sus amigos, emprendedor, vital, buena gente, carismático, majo,...un chico tan sano y sin maldad, que intentaba ayudar a todo el mundo.
El coche fúnebre seguido del cortejo se encaminó hacia el cementerio de San Fernando. Una vez allí su madre seguía el fénetro como si todavía llevara de la mano a su niño pequeño,
acompañandolo hasta el descanso eterno. Un día elegido por Dios para llevarse a su seno a personas de la talla de Vicente Ferrer, El Sol quiso estar a la altura de las circunstancias para que Javi suba a las alturas rodeado de luz, calor y amor de todos sus seres queridos que lo recuerdan y añoran. Descansa en paz.
Yo lo único q se es q mi primo ya no está entre
nosotros. Él era mi modelo a seguir, un tio serio en su trabajo,
pedazo de amigo, y era el espejo en q me
miraba. Siempre estaba para agradar a las
personas q mas queria. La unica verdad es q
nos ha tocado a nosotros vivir esta
pesadilla. Le debo muchas cosas, y ni si quiera he tenido ocasion
de decirle todo lo q siento, porq no es justo
lo q ha pasado. Descansa En Paz. Te queremos Javi. Te
quiero primo
Estas palabras son de uno de los hermanos pequeño de
mi esposa. Totalmente sinceras y destiladas de los días de dolor que
siguieron al 17 de junio
de 2009.
