Es increíble lo que el universo recoge en sí mismo. Es insondable su tamaño y su crecimiento. Es incomprensible su antigüedad y su origen. Pero si hay algo más misterioso que el universo mismo, eso es el ser humano. Una especie que se ha erigido como la más inteligente del planeta Tierra. Una que tiene consciencia de sí misma. Pero más allá de la propia vida, esta especie quiere perdurar. El sólo pensamiento de su inexistencia, de su apocalipsis, crea un sobrecogimiento. El hecho de que la civilización humana dejara de existir es tan impactante que el que se apague una vida de una persona ya es de por sí un golpe para todo el universo y su evolución. Pero si además concebimos la muerte como un sólo cambio. Si consideramos la consciencia del ser humano como una energía más que ni se crea ni se destruye, que tan sólo se transforma. Entonces, el universo multiplica su tamaño por infinito. Si tuviésemos la certeza de que las personas difuntas existen en este mismo universo, pero sin la posibilidad de que las personas vivas los pudiésemos percibir, si no es con aparatos electrónicos, entonces el universo, con sus galaxias, estrellas, planetas y seres, sería tan sólo una parte infinitesimal del mismo. Entonces tendríamos que concebir el universo como un conjunto de universos que se recrean y se recogen unos dentro de otros, interáctuando e intercambiando información constantemente. Sería como ver un holograma de la creación que se recoge y se expande ad infinitum y a la cual el ser humano no puede acceder sin antes ampliar su consciencia, sin tener un cerebro libre de prejuicios y perjuicios.
Para muestra un botón.
Si les ha impresionado igual que a mí, tan sólo les pido que recen porque ese espíritu de un ser humano (supuestamente el de una cría de once años) encuentre la luz y sea capaz de liberar su consciencia de lo terrenal, del sufrimiento y el dolor. Oren para que este espíritu mire hacia la inmensidad del universo, hacia su luz y pueda salir del estado de trauma en que se encuentra. Dedíquenle unos segundos a su actual estado y a desearle que vea la luz, deje atrás el sufrimiento y el dolor, y pueda disfrutar de la inmensidad del universo, su belleza y sobretodo de su paz.
Descanse en paz.
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